viernes, 20 de mayo de 2011

Inicios de la REAL.

1910 en Ondarreta.

1931 Atotxa.

1952 Atotxa.

Equipo de la triple final.

El equipo del primer titulo.

1923 Campeón de Gipuzkoa.

1929. Primer equipo de la liga.

El San Sebastián Recreation Club.


Fototeka Kutxa.

martes, 10 de mayo de 2011

Maletillas nocturnos.


1969. 'El Charro' y 'El Helicóptero', vecinos de Eguia, triunfaron en una nocturna corrida que tuvo como escenario los corrales de la plaza de toros.
Una cosa es el conjunto de actividades incluidas en cualquier programa de fiestas y otra los alicientes que ofrece una ciudad durante el día, más allá de los programados. Un hombre/mujer estatua, el malabarista de turno o el músico callejero -algunos podrían ser buenos profesionales en su actividad- pueden atraer a tanto público y hacer tan entretenido un paseo por nuestras calles como algunos de los espectáculos con marchamo de «incluido en el programa oficial».
¿Toros?... ¿Alguna corrida en el coso del barrio de Gros?... ¿Hubo orejas o rabos?... Los toreros, de momento, fueron obsequiados con unos días de estancia gratuita en la Prisión Provincial... a partir de aquí... pues no sabemos más, pero sí sabemos que el día 25, festividad de Santiago, se había programado un espectáculo taurino con bichos de la ganadería de Ceballos y que todo estaba «atado y bien atado» para que el festival saliera «a pedir de boca». Todo estaba atado, menos los toros que, al parecer, y es de suponer, descansaban en los corrales esperando su hora cual gladiadores romanos, pero con cuernos en lugar de redes o tridentes.
Quizá pensaban en estas cosas, si los toros piensan, cuando de madrugada sus más o menos inquietos sueños se vieron alterados por dos aspirantes a matadores, es decir, por dos maletillas.
La furtiva corrida, que fue a muerte y que como decimos no estaba incluida en el programa oficial, dicen que dijeron que fue una gran faena «de antología, despachando al enemigo de una entera hasta la bola»... pero sobre todo la faena debió de ser cuando por la mañana los responsables de la plaza de toros se dieron cuenta del desaguisado con el animal muerto en la arena... «y ahora ¿quién paga las 25.000 pesetas que cuesta el animal?».
La policía, que como decía la radioserie, «siempre gana», ganó la partida a los maletillas y a los dos días fueron detenidos El Charro y El Helicóptero.
A Irineo Baz Benito El Charro, charro porque nació en Salamanca, de 31 años, le acompañó en la lidia como espada Javier Muñoz Herrero, de 19 años, apodado El helicóptero, porque «cada vez que se enfrentaba a un becerro salía por los aires»... ambos vecinos de Eguia y que está vez, en lugar de terminar en la enfermería lo hicieron en Martutene.
Diario Vasco.

Becerrada benefica para niños acogidos organizada por Euskal Billera 31 12 1924

Fototeka Kutxa

jueves, 5 de mayo de 2011

Catedral del Buen Pastor



En 1881, mediante Real Orden, se adoptó para San Sebastián una nueva división parroquial que incluía la creación de una parroquia, reclamada desde hacía años por los habitantes de la zona, en la parte meridional de la ciudad, lo que luego se llamaría el Ensanche de Amara. En agosto de 1887 el Ayuntamiento cedió un terreno entre el río Urumea y la Playa de la Concha, ocupado por arenales y marismas, para la construcción del templo. Hasta que éste estuvo terminado, las necesidades espirituales de la feligresía local fueron satisfechas por una parroquia provisional, consagrada al Sagrado Corazón de Jesús; inaugurado en marzo de 1888, este templo rudimentario estaba hecho de madera y se situaba entre las calles de Loyola y el Príncipe.
En diciembre de 1887 una junta constructora presidida por el arcipreste D. Martín Lorenzo de Urizar Zalduegui-Ariño definió las bases del concurso de proyectos y prefijó un presupuesto de 750.000 pesetas, así como la capacidad del templo y su estilo arquitectónico, que debía ser ojival. Los proyectos presentados fueron cuatro, siendo elegido el trazado por el arquitecto donostiarra Manuel Echave, a quien le fue encomendada la dirección de las obras. La nueva iglesia tomaría la advocación del Buen Pastor.
A la colocación de la primera piedra se invitó a la familia real española, que se encontraba veraneando en la ciudad. Los actos tuvieron lugar el 29 de septiembre de 1888. La reina regente, María Cristina, sus hijos y el infante Antonio de Orleans y Borbón, junto con ministros y demás autoridades, asistieron a la solemne misa que el prelado diocesano D. Mariano Miguel Gómez celebró en la parroquia provisional del Sagrado Corazón. Finalizada la ceremonia, la regia comitiva se trasladó al solar destinado al nuevo templo y allí procedió a colocar la primera piedra, que cubrió una caja de plomo, en la que se encerraron los retratos del Papa y de la familia real, varias monedas de la época y ejemplares de la Gaceta de Madrid y del Boletín Eclesiástico. El acta de la ceremonia fue suscrita por el rey niño Alfonso XIII, de dos años y cuatro meses de edad, para lo que su madre le hubo de llevar la mano, siendo la primera vez en que el monarca estampara su firma en un documento oficial.
Echave pasó a ejecutar las obras teniendo como maestro de las mismas a José Vicente Mendía y, tras fallecer este, al maestro cantero Agustín de Zumalabe. Las labores de cimentación exigieron un escrupuloso drenaje del solar, hasta dar con arena consolidada. Para la arquitectura general se eligió piedra arenisca de las canteras del monte Igueldo; las bóvedas fueron confeccionadas con toba procedente de Ocio (Álava) y la pizarra de las cubiertas se trajo de Angers (Francia. Los operarios fueron todos vascos. Para la talla de piedra de los capiteles, adornos, ventanales y agujas que decoran el interior y el exterior se aceptaron los modelos presentados por el artista local Julio Gargallo.
La reina regente, María Cristina de Austria, y su hijo, el rey Alfonso XIII, inauguraron el templo en 1897.
Fototeka Kutxa 

miércoles, 27 de abril de 2011

Los baños.

En la mitad del siglo pasado, los primeros bañistas de La Concha fueron los muchachos. Iban a la playa provistos de toalla y un par de palitos: cuando la marea estaba baja, tomaban posiciones al pie del murallón que había entre lo que hoy es el Club Naútico y la actual primera bajada, que sostenía los actuales jardines de Alderdi Eder, y en las grietas que tenía el paredón metían los palitos que hacían las veces de colgadores.
Uno de aquellos muchachos contaba años después que despojados de la ropa, “desnudos ya y conforme vinimos a este pícaro mundo, grandes y pequeños nos zambullíamos en el mar, sin más ayuda que la señal de la Cruz para librarnos de accidentes: mordeduras de malignos bichos o de que un atrevido pulpo se enroscase en alguna de nuestras piernas”.
Cuando la marea estaba baja, dejaban la ropa en hilera sobre la arena. “Tan distraídos nos encontrábamos que la marea iba haciendo sus estragos bañando también nuestras ropas que andaban fluctuando con la resaca.
Advertido el desastre, todos nos abalanzábamos a recoger nuestras prendas y gracias cuando se completaban, pues resultaban casos de quedarse algunos con una sola bota y otros sin ninguna.
Hecha la recogida, principiaba el secamiento: parecía aquello un tendido de lavanderos desnudos que retorcían la ropa con gran empeño para exprimirla del agua, de miedo a la reprimenda que nos esperaba.
Sin tiempo para secarse porque llegaba la hora de recogerse a casa, con mil trabajos la metíamos sobre nuestros cuerpos, mojados también porque la mayoría no tenía toalla”.
En aquel tiempo al que se refiere, no se conocían las casetas y la primera que se montó, por idea de un descendiente de Gabriel María de Laffitte “Gil Baré”, componíase de una plataforma cuadrilonga con pequeñas ruedas; armazón de listones y cerrada, de lienzo blanco. No tenía ventanas, entrando la luz por la cubierta abierta siempre. Tampoco había puerta, bastaba la apertura de la tela para que hiciera veces de entrada.
La idea tuvo imitadores y desde entonces todos los años iba en aumento el número de casetas, llegando en 1.890 a 295, instalándose también en Ondarreta.
El Ayuntamiento cobraba un pequeño impuesto por caseta, obteniendo en 1.893 por este impuesto la cantidad de 2.287, cantidad con la que pagaba el sueldo a un cabo y cuatro celadores de mar.




miércoles, 13 de abril de 2011

UN KOXKERO POR LA SEXTA AVENIDA


“José Francisco Navarro Arzac fue un ejemplo de persona trabajadora que, aunque se arruinaba, volvía a empezar, sin decaer nunca. Además, no fue nada fanfarrón, sino alguien muy sencillo, y sobre todo, fue un hombre de una gran honorabilidad, tanto en su vida privada como en los negocios, tal y como se recoge en numerosas reseñas de prensa a las que hemos tenido acceso”. Es la opinión del historiador norteamericano Eric Beerman, autores del libreo José Francisco Navarro Arzac. Un vasco en América, fruto de cinco años de investigación y cuya segunda edición se publicó hace unos meses tras agotarse los quinientos ejemplares de la primera. El libro se presenta mañana en San Sebastián en un acto organizado por la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País, editora del volumen.
Navarro Arzac nació el 21 de marzo de 1.823 en San Sebastián y fue bautizado días después en la parroquia de San Vicente. La I Guerra Carlista, en la que murió se hermano, empuja a José Francisco a emigrar a Cuba, en donde trabajó dos años en el taller mecánico de su tío, Basilio Navarro, a la vez que asiste a clases den la Universidad de La Habana. En 1.840 se traslada a vivir a EE.UU., primero en la ciudad de Filadelfia y luego, en la de Baltimore. Tres años más tarde regresó a Cuba, en donde se asoció con un rico hacendado canario afincado en la isla, Inocencio Casanova, para crear su primera empresa: Casanova, Navarro y Compañía. Esta asociación duró ocho años, al término de los cuales, Navarro Arzac vendió su parte en la compañía por 120.000 dólares.
EN GREENWICH VILLAGE
En 1.855, José Francisco llega a Nueva York para instalarse definitivamente. Dos años después, este koxkero con domicilio en el East Village neoyorquino contrae matrimonio con Ellen Amelia Dykers, hija de un emigrante holandés de las Antillas, convertido en influyente banquero. La pareja se instaló en Greenwich Village, en una casa de Dykers, situada en el número 25 de Washington Place, “un lugar ideal de tranquilidad y retiro”, en palabras del novelista Hwenry James. El matrimonio tuvo cuatro hijos, aunque uno de ellos murió al poco de nacer y el primogénito, en 1.877, a la edad de 18 años. “Fue entonces cuando Navarro Arzac creó en EE UU las grandes empresas, casi inconcebibles para aquella época y también para hoy en día, como la Equitativa de Nueva York”, afirma Conchita Burman.
UN EMPRESARIO DE ÉXITO
 A partir de 1859, José Francisco despliega una actividad frenética: en 1.865 crea la United States & Brazil Mail Steampship Co.; en 1.867, La Comercial Warehouse Co. y la Hidráulica Machine, que ese mismo año suministra diez mil contadores de agua a la ciudad de Nueva York; en 1.868, impulsa la creación de la Sociedad Española de Beneficencia para ayudar a sus compatriotas llegados de Cuba; y en 1.871, funda la empresa de taladros Ingresoll Rand, que en la actualidad se mantiene como una de las firmas líderes en el sector.
Por el camino, Navarro Arzac aún tiene tiempo de librarse de la Guerra Civil estadounidense, gracias a su influyente amigo James Roosevelt, tío de Teodoro, que pagó a dos sustitutos para que ocuparan sus plazas en filas. No obstante, Navarro prestó dos de sus vapores de hierro a la Marina de la Unión durante toda la contienda.
En 1.878, José Francisco Navarro lleva a cabo la que consideró gran obra de su vida: la construcción, en la Sexta Avenida de Nueva York, del primer ferrocarril elevado del mundo. “Fue un trabajo de ingeniería realizado en un tiempo récord”, recalca Conchita Burman. Aunque el ferrocarril elevado estuvo en funcionamiento hasta que en los años 20 fue sustituido por el metro, Navarro abandonó esta empresa dos años después, debido a los problemas surgidos con los vecinos de la línea férrea, que se quejaban del ruido y de las chispas que saltaban de las vías. “Además yo creo que le gustaba empezar proyectos y abandonarlos luego, una vez que ya estaban puestos en marcha”.
Al año siguiente, Thomas Alba Edison registra en España su invento de la luz eléctrica incandescente y cede a Navarro los derechos de esta patente para las Antillas y todas las provincias españolas en Ultramar. “Navarro financió, junto con la JP Morgan, la instalación de electricidad en Cuba, que aún era territorio español”, afirma la coautora del libro. En pleno éxito económico, José Francisco toma parte en la financiación de la Catedral de San Patricio, dos de cuyos bancos, el uno y el doce, adquiere de inmediato en subasta pública.
En 1.881, este donostiarra construye los primeros rascacielos de apartamentos de la Gran Manzana y doce meses después, figura ya entre los veinte empresarios más ricos de EE UU, el único de ellos con apellido hispano. En 1885, José Francisco logra otro de los hitos de su carrera empresarial al introducir en el país el cemento Pórtland, a través de una nueva empresa, la Atlas Pórtland Cement Company, que rápidamente se convierte en las más grandes del mundo en este sector y que fue la firma suministradora para la construcción del Canal de Panamá. “Hay un documento en el que se recoge que, de los ocho millones de barriles de cemento suministrados por la firma, jamás se rechazo ni uno por incumplir las normas de fabricación”.
Diario Vasco.

Entre los múltiples planes de José Francisco Navarro Arzac que jamás fueron realizados, uno brilla con luz propia por lo insólito: la construcción de un ferrocarril elevado que atraverara la bahía de la Concha, desde la Perla hasta la isla de Santa Clara. “Tenía este proyecto con el arquitecto Alberto Palacios, pero menos mal que no pudieron llevarlo a cabo, al parecer por problemas de financiación, porque hubieran estropeado el paisaje”, comenta Conchita Burman-
Ni siquiera la guerra desatada en 1.898 entre España y EE UU por la cuestión de Cuba hizo que José Francisco renunciara a su nacionalidad española, que conservó hasta su muerte en 1.909 a causa de “una bronquitis y una pulmonía con complicaciones coronarias”, según se indica en el libro que recoge las andanzas de este vasco peculiar. Su viuda, Ellen Dykers, apenas sobrevivió un año a quien fue “el amor de su vida”. Burman concluye con un lamento: “Es casi increíble que en España no se haya hecho más por recordar la figura de Navarro Arzac... a lo mejor es que aquí no tenemos tanto amor patrio como los anglosajones. Es una pena”.


Libro Un vasco en América. José Francisco Navarro Arzac.


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